El lago Titicaca ha fascinado a los cineastas una y otra vez

La Razón | Julio 3 de 2009
El lago Titicaca ha fascinado a los cineastas una y otra vez
Una imagen de la película “El Lago Sagrado”, documental dirigido por el investigador cochabambino Hugo Boero Rojo, ganador de la Kantuta de Plata.
La Paz ha sido el epicentro de la actividad cinematográfica boliviana durante el siglo XX.  El 30% de lo producido ha girado temáticamente en torno al departamento.
Vote:
Promedio:
0 votos
Hacer cine en Bolivia es una hazaña fascinante”, sostenía el padre Luis Espinal entusiasmado por el estreno, en 1977, de Chuquiago, la película de Antonio Eguino en la que él mismo había participado. Una hazaña impulsada, casi invariablemente, desde La Paz, habría que añadir con la historia de este arte en mano, virtud del trabajo histórico que ha realizado Pedro Susz, uno de los fundadores de la Cinemateca Boliviana. Eguino, actual presidente de la Fundación Cinemateca, dice que “efectivamente, la mayor concentración de cineastas bolivianos ha estado y está en la ciudad de La Paz; incluso los que son de otras partes del país viven actualmente en esta ciudad”. Por otro lado, “si hablamos de películas bolivianas de temática paceña, el 30 por ciento de las realizadas desde el periodo silente, giran alrededor de La Paz, la ciudad y el departamento”.

Tal realidad comienza con la primera proyección del invento de los Lumiére en el Teatro Municipal de la calle Genaro Sanjinés, a fines del siglo XIX, y llega hasta hoy, primera década del siglo XXI, que es cuando han comenzado a manifestarse también otras regiones del país.

El lago, una locación por excelencia

Al repasar la historia del cine boliviano, salta a la vista la fascinación que ha ejercido en los cineastas el lago Titicaca, al grado de que al menos se puede hablar de una decena de cintas que lo han puesto como centro o como locación de historias de lo más variadas: amores, misterio, venganza.

Muy temprano, en 1916, una expedición científica alemana, dirigida por el profesor Rolf Müller, visitó Bolivia. De ella “queda el testimonio de un par de tomas captadas a orillas del lago Titicaca y entre las ruinas de Tiwanaku”, refiere Susz.

Uno de los primeros largometrajes nacionales de ficción es La profecía del lago (1925), realizada en La Paz por el sucrense José María Velasco Maidana, hoy desaparecida. El filme “abordaba los amoríos de un pongo con la esposa del dueño de la hacienda”. Semejante “transgresión a las estructuras establecidas, impregnadas de prejuicios raciales y sociales, no pudo ser digerida por los guardianes de la moral pública, los cuales incluso intentaron secuestrar la película para incinerarla”.

Es de suponer que en La gloria de la raza, de 1926, el arqueólogo Arturo Posnansky (Viena, 1874-La Paz, 1946) detuviese la cámara ante el lago, pues los cuatro actos en que se estructura el largo de docuficción, producido por su empresa Cóndor Mayku, muestran las huellas que llevan de los Urus a Tiwanaku. De hecho, Posnansky llegó a proponer, por los años 30, la construcción de una presa cerca del lago Titicaca, la que sería alimentada por ríos desviados de la cordillera Oriental. De esta forma pretendía aprovechar el agua para el riego, la producción de energía eléctrica y la creación de nuevas vías navegables. Su idea no prosperó.

En 1949, Alberto Perrin Pando, colaborado por Jorge Ruiz y Augusto Roca, hizo el corto Donde nació un Imperio, filmado en plena Isla del Sol, tal como haría, en 1996, Francisco Ormachea con Ajayu, una mirada en cortometraje y de ficción del viaje hacia el otro mundo, según la concepción aymara.

El ya mencionado Velasco Maidana, director de cine, coreógrafo, compositor y pintor, hizo nuevamente del lago, en 1929-1930, el escenario central para la superproducción Wara Wara. Ya antes había filmado escenas para la película que debió titularse El ocaso de la tierra del Sol, que no se realizó, pero que sirvieron para el largo de ficción, basado en argumento de Antonio Díaz Villamil, ambientado en tiempos de la conquista española, cuando una princesa inca, Wara Wara, se enamora del capitán español Tristán. Resultan mágicas, vistas con los ojos de hoy, las escenas del Lago Sagrado surcadas por balsas de totora en medio de la trama de guerra y amor. En este filme, que ha sido restaurado y que se exhibió a fines del 2007 durante la inauguración de la sede propia de la Cinemateca Boliviana, actuó “la crema y nata de la sociedad paceña: Arturo Borda, Marina Núñez del Prado, Guillermo Viscarra Fabre, Emmo Reyes y Juanita Tallansier (Wara Wara), entre otros”.

Ukamau (Así es, 1966), de Jorge Sanjinés, la primera película en aymara, con argumento de Óscar Soria, suma a todos estos hitos (es decir, el nacimiento de la importante productora homónima y el fruto maduro resultado del encuentro entre un cineasta esencial para el país —Sanjinés—y el guionista por excelencia —Soria— el hecho de poner de testigo al Titicaca para el filme “más bello, quizás, que haya realizado Sanjinés”, a decir de Carlos Mesa Gisbert. Paulina (Benedicta Huanca) es violada por el capataz de una hacienda, el mestizo Rosendo (Néstor Peredo), tras lo cual muere, mientras el marido (Vicente Verneros) pesca en el lago. La venganza tendrá el marco del altiplano.

El mismo Sanjinés retornaría a estas aguas postuladas, este 2009, a maravilla natural del mundo, para ambientar su película de los años 90, Para recibir el canto de los pájaros (1995).

El cochabambino Hugo Boero Rojo, investigador de las riquezas naturales y arqueológicas de Bolivia, dirigió en 1981 el documental El Lago Sagrado. Sobre esta cinta, Carlos Mesa Gisbert, crítico de cine en sus tiempos juveniles, otro de los fundadores de la Cinemateca Boliviana e historiador, además de ex presidente de Bolivia, comenta: “Aunque algo saturada de información de texto en off, la película reúne los elementos más destacados de la cultura y la historia alrededor del Titicaca”.

En 1997, Mauricio Calderón propuso la primera película de misterio y esoterismo, además de amor: El triángulo del lago (1997). Sobre este filme, Mesa Gisbert ha escrito: “La referencia obvia al triángulo de las Bermudas no se suaviza con la inserción en la cinta del tema mítico y ritual del lago”.

 

Un flash back panorámico

De la segunda década del siglo XX datan las primeras producciones nacionales, casi todas ellas paceñas, detrás de las que destacan los nombres de Luis Castillo y Juan Goytisolo.

El “giro decisivo para la producción de películas nacionales fue la llegada en 1923 del cineasta de origen italiano Pedro Sambarino”, remarca Susz. Sambarino creó S.A. Cinematográfica Boliviana, más tarde Bolivia Films. Estrena aquel año su Actualidad de La Paz, así como El ferrocarril La Paz-Los Yungas, Por mi patria, en 1924, y, al siguiente, en el primer centenario de la República, Festejos del Centenario. El mismo Sambarino fue quien hizo el primer largometraje de ficción: Corazón aymara, un drama filmado en la “entonces deshabitada zona de Calacoto” y que “atrajo un buen número de espectadores”. Las proyecciones “fueron acompañadas al piano, como era usual en la época, con piezas del repertorio de Adrián Patiño especialmente adaptadas”.

El recuento de obras suma documentales y ficción, además de la mirada de realizadores extranjeros que se plasmaron en el celuloide.

Así, con el cine como instrumento, fue natural que la guerra del Chaco se convirtiese en un motivo en los años 30. Resultados de ese afán de recoger o recrear son Alerta de Mario Camacho, La guerra del Chaco (Infierno verde) de Luis Bazoberry, La campaña del Chaco, de Velasco Maidana, Juan Peñaranda Minchín, Mario Camacho y Luis Canelas.

Con esos y otros antecedentes se arribó a la segunda mitad del siglo XX, la más rica en producción nacional: la de las figuras fundamentales (Jorge Ruiz, Jorge Sanjinés, Óscar Soria y Antonio Eguino, Paolo Agazzi, Marcos Loayza y Juan Carlos Valdivia); las películas esenciales, los premios, los festivales (Llama de Plata, Cóndor de Plata, Kantuta de Plata, que entregaba el Centro de Orientación Cinematográfica - Organización Católica Internacional del Cine, hoy inactiva) y la creación de instituciones como la Cinemateca o el Consejo Nacional del Cine (Conacine).

Fuentes consultadas: Pedro Susz y Carlos Mesa en Historia de la Cultura Boliviana en el siglo XX. Fundación La Plata. Sucre, 2009. Cuadernos de Cine N° 69, Cinemateca Boliviana, La Paz, 1997.

Personajes

• Luis Castillo (La Paz, s. XIX-1964). En 1913, “valiéndose del aparato tomavistas, adquirido a uno de los tantos exhibidores ambulantes en tránsito, comienza a rodar sus iniciales vistas locales el fotógrafo Luis Castillo, considerado, a falta de otros indicios, el primer cineasta boliviano. Castillo perseveró largos años en la actividad”. (P. Susz, Hist. de la Cultura S. XX, F. La Plata).

Temprana llegada del cinematógrafo

Pedro Susz cita crónicas de prensa de 1897, donde se da la pista de la temprana llegada del cinematógrafo a la sede de gobierno (en París el aparato se había iluminado en diciembre de 1895). El periódico El Nacional, por ejemplo, publicaba, el lunes 21 de junio de aquel año: “Para la noche de hoy se anuncia la primera y única exhibición del cinematógrafo en nuestro teatro, con un variadísimo programa”, mientras que El Comercio informaba: “Esta noche se exhibirá por primera vez en nuestro coliseo, este admirable aparato eléctrico (…). Dada la novedad, posible es que el empresario tenga casa llena”. Si estos datos se unen a similares anuncios que se hacían en Buenos Aires, Río de Janeiro o Lima, se puede afirmar que el cinematógrafo estuvo en La Paz “casi de modo simultáneo a todas las otras capitales latinoamericanas”. En 1913 se encuentran datos sobre la cantidad de cines estables (biógrafos) con que contaba la ciudad: París (plaza Murillo), París (en el teatro Municipal), Cosmopolita (calle de Ayacucho), Cine Teatro (Skating Ring) y Edén Cine (antes Cine Popular, local del Casino Internacional).

Entidad

• Cinemateca Boliviana (1976). El 12 de julio nació la entidad dedicada a difundir el séptimo arte y preservar la memoria audiovisual del país, como Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento. El 2007 inauguró su propio y moderno edificio. Han sido sus fundadores: Amalia de Gallardo, Mario Mercado y Renzo Cotta, y sus primeros directores Pedro Susz y Carlos Mesa.

Chuquiago, el retrato aÚn vigente de la paz

Chuquiago, creación de 1977 de Antonio Eguino y Óscar Soria, es el mayor homenaje que el cine ha hecho a La Paz. Con música de Alberto Villalpando, fue presentada por Luis Espinal (1932-1980), quien se había encargado de la continuidad:

“Chuquiago es la película más costosa jamás filmada en Bolivia. Se trata de un filme espectacular y de reflexión. No es un filme de tesis, aunque estructura la realidad hasta darle un sentido. Chuquiago, por su amplitud argumental y la multiplicidad y variedad de sus personajes, es también la película más ambiciosa abordada por el grupo Ukamau.

Chuquiago parte de una idea plástica: la hondonada de La Paz, con su fuerte desnivel geográfico, estratifica también socialmente a los habitantes de la ciudad. Arriba, en El Alto, estamos todavía a nivel altiplánico; abajo, en Calacoto, se llega a nivel de cabecera de valle. La cinta empieza arriba, con Isico, el niño cuya obsesión será bajar a la ciudad; por esto toda la trayectoria de la película será un descenso continuo.

La Paz es una ciudad como no hay otra en el mundo; exótica y contradictoria por su geografía caprichosa, sus climas, sus construcciones y el mundo dispar de sus habitantes. Tal vez, por esto, el filme se llama Chuquiago, como nombre precolonial y hermético de La Paz: para recordar el ancestro que se oculta detrás de sus rascacielos (...).

Chuquiago tiene una estructura narrativa estratificada. Las diversas historias ni están separadas, ni ensambladas plenamente. También esto depende de la manera de ser de la gran ciudad; no es una, sino múltiple; sus habitantes se cruzan en las calles, pero siguen separados en diversos mundos, como el agua y el aceite”. Luis Espinal fue uno de los críticos de cine y formador de conciencia crítica en audiovisuales más importantes de Bolivia.

• Luis Espinal. Nació en Barcelona, pero se hizo boliviano. El cine fue una gran pasión.


Los premios del mundo para el cine boliviano

Por la misma razón de que La Paz fue durante casi un siglo el epicentro de la actividad cinematográfica nacional, la lista de premios con que el extranjero ha reconocido el valor de las propuestas se concentra en manos de paceños o de producciones de bolivianos que trabajaron en esta urbe. Carlos Mesa Gisbert ha hecho un recuento de los galardones esenciales de grandes festivales, muchos de los cuales recayeron en Jorge Sanjinés (Revolución-1964, Ukamau-1967, Yawar Mallku-1969, El coraje del pueblo-1972, El enemigo principal-1975, Las banderas del amanecer-1983 y La Nación clandestina-1989). Otros premiados son Jorge Ruiz (Vuelve Sebastiana, 1956), Juan Carlos Valdivia (Jonás y la ballena rosada, 1993 y 1995; American Visa, 2005) y Marcos Loayza (Cuestión de fe, 1995 y 1996). Las actuaciones también han merecido reconocimientos, así como el trabajo de fotografía y la música.

Actores como el cruceño Gerardo Suárez (Mi socio, Paolo Agazzi), el argentino Darío Grandinetti (El día que murió el silencio, P. Agazzi), la mexicana Kate del Castillo (American Visa, JC Valdivia) o la cochabambina Melita del Carpio (Cuestión de fe, Marcos Loayza) han sumado motivos de orgullo para la cinematografía boliviana.

Personajes

• Jorge Sanjinés (La Paz, 1936). Más de 30 premios ha reunido la productora Ukamau, encabezada por Jorge Sanjinés, desde que comenzara a trabajar en los años 60. Sobre Ukamau, la película de 1966, el crítico de cine George Sadoul expresó: “Sólo este filme justifica el viaje a cualquier festival cinematográfico”. Cannes le dio a Sanjinés sus primeros grandes premios.

El tatuaje

“La historia del cine boliviano de la segunda mitad del siglo XX ha dejado hitos fundamentales para comprender nuestra realidad. Ha sido ejemplar en el trabajo del documentalismo con Ruiz, ha inscrito al cine entre las artes más destacadas de Bolivia, particularmente al haber formado parte del nuevo cine latinoamericano de los años 60 y 70 con Sanjinés, Soria y Eguino. Ha desarrollado una veta de fuerte compromiso socio-político, una etapa de transición con Agazzi y el surgimiento vigoroso de nuevas formas de concebir el cine en los 90, con los nombres de Valdivia, Loayza y Bellot. Un cine que, a pesar de sus profundas limitaciones de carácter económico, de infraestructura y la carencia de una industria cinematográfica real, ha conseguido un resultado extraordinario que nos permite hablar de una saga notable que ha tatuado al país y ha recogido, en esos tatuajes, sus signos más importantes y entrañables”.  

Fuente: Carlos Mesa Gisbert. Cine Boliviano: Los ojos de la Historia (1952-2006). Historia de la Cultura Boliviana en el siglo XX, Vol. II. Teatro Cine y video. Fundación Cultural La Plata, Sucre, 2009.

1 Comentarios
Página 1 de 1
  • 1 
1 JAVIER ZAPATA MOLINA | hace 3 años EL LAGO TITIKACA DEVE SER UNA MARAVILLA DEL MUNDO Responder
  • 1 
Mi opinión: (Máximo 1.000 caracteres)

(*) Si el mensaje excede el número máximo de caracteres será truncado automáticamente por el sistema.
Nombre - Obligatorio
Email - Obligatorio
Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Unión Radio
  • No está permitido registrar comentarios injuriantes o contrarios a las leyes vigentes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Los mensajes aparecerán publicados en unos minutos.
Publicidad

Lo más destacado de La W Radio

Publicidad
Vía España, El Cangrejo, Bella Vista, Edificio P. H. Plaza Regency, Piso 15 y 17, Panamá. Teléfonos: 378-2700 -© Radio Panamá es una empresa de Medición: