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En Puntitas; Cinco de mayo: ¿más odio o nueva etapa?

Para cambiar las cosas hay que comenzar a hablar y a generar ruido.

En Puntitas; Cinco de mayo: ¿más odio o nueva etapa?

Laurentino Cortizo. Foto: Cortesía

Estos cinco años he visto una cara del panameño diferente. Ha reinado el odio, sed de venganza, resentimiento y disgusto tanto hacia las autoridades como entre los propios ciudadanos. Este cinco de mayo es una oportunidad para que los ciudadanos elijan a alguien que cambie el rumbo del país. ¿Será suficiente?

 

Tal vez no. Tal vez llegó el momento de que las personas dejen de depender de que un político haga algo por el país y comenzar a ejercer su rol en la democracia: participar. Los ciudadanos se han conformado con ejercer su derecho al voto cada cinco años, pero, ¿qué ocurre entre elección y elección? Esto deja espacio para que las distintas élites tengan el control del país e impongan sus intereses personales. Los ciudadanos tienden a darse cuenta de estos entramados cuando ya es demasiado tarde la mayor parte de las veces: Odebrecht, pinchasos, bates de béisbol, … Es muy difícil cuantificar el grado de satisfacción que tendrán los resultados. Este torneo electoral ha estado rodeado de incertidumbre. Dos candidatos independientes tienen posibilidades reales de gobernar y la desconfianza hacia los partidos ha fragmentado los votos con los que contaban dichos partidos anteriormente.

 

Hay que tomar las tiendas del país, sino no vale quejarse. Hay que asegurarse de que los candidatos tengan una hoja de ruta concreta y se rodeen personas verdaderamente capaces de manejar con gobierno. La opinión pública debe hacerse sentir durante la próxima legislatura y no limitarse a manifestarse en el momento del voto, porque si no otros dominarán lo que pensamos y configurarán nuestra realidad. La opinión pública es algo que por un lado creamos y por otro nos afecta. Es una fuerza que influencia nuestras opiniones, pero al mismo tiempo creamos. Es una realidad totalmente moldeable que diseña nuestro mundo. La política actúa sobre realidades que son de una manera, pero podrían ser de otra, y aquí es donde deben entrar los ciudadanos. Todo se puede cambiar.

 

Para cambiar las cosas hay que comenzar a hablar y a generar ruido. Los ciudadanos activos deben contagiar a los otros para que velen por el buen funcionamiento del espacio público, que no solo concierne a los políticos. Los medios de comunicación y demás personas públicas también deben mantener viva la participación en el siguiente periodo. La democracia no debe limitarse a ser un sistema formal. La pasividad creciente del público es un peligro para la democracia.

 

Los gobernantes se han conformado con cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos para evitar conformaciones básicas. Esto da lugar a mayorías autómatas que solo persiguen fines materiales a corto plazo. Los ciudadanos se han conformado con un aparente turnismo que se desarrolla entre debates aparentes para que los ciudadanos crean que la democracia es un sistema eficaz y el poder está bien repartido entre los órganos del estado. En el país se ha reaccionado hacia esto con el movimiento NoalaReelacción que debería continuar su activismo durante el próximo gobierno y no limitar su acción a periodos electorales. La política debe velar por la libertad de la conciencia de los ciudadanos, y si no lo hace estos deben buscarla por sus propios medios.

 

Valentina Hilaire

La autora es estudiante de Periodismo