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En Puntitas; Feminismo: igualdad vs equidad

En Puntitas quiere ser un espacio para discutir esos temas y evitar que nos atrape la bulla de las redes sociales.

En Puntitas; Feminismo: igualdad vs equidad

En Puntitas, Valentina Hilaire. Foto: Cortesía

No es lo mismo. Pensar que el hombre y la mujer son iguales en todos los sentidos, y defender que hombres y mujeres, por ser personas, tienen los mismos derechos en la sociedad son cosas distintas.

 

Hoy en día no es muy apropiado hablar de feminismo en singular por la gran cantidad de formas en que es entendido y, sobre todo, vivido este término. Algunas corrientes, como el feminismo de la igualdad, consideran que el hombre y la mujer son totalmente iguales.

Pero otras, como el feminismo de la diferencia plantean que entre ambos existen muchas diferencias, pero que por su condición de seres humanos ambos tienen la misma dignidad y por eso deben ser tratados con equidad ante la ley.

 

Las feministas de la igualdad que llevan al extremo sus postulados critican al de la diferencia por ser “suave”, pero lo contrario a la igualdad en una sociedad no es la diferencia, sino desigualdad.

Lo que muchas feministas no se dan cuenta es que con planteamientos radicales pueden llegar a eliminar a la mujer de la sociedad en vez de ayudarla a encontrar el lugar que se merece.

Ambos tipos de feminismo son complicados de entender porque se han entremezclado con distintas corrientes de pensamiento que son tendencia en nuestra sociedad, como la ideología de género.

 

Tres términos de los que parece que hoy hay que hablar en puntitas: orientación sexual, identidad de género y sexo. Algunas feministas de la igualdad han tratado de borrar estos términos o presentarlos de tal manera que apoyen su tesis de que la diferencia sexual es casi un accidente.

Pero, la orientación sexual no elimina el sexo biológico, sino que lo reafirma: Cuando un hombre dice: “soy gay, me gustan los hombres” está reconociendo que no le gustan las mujeres, y lo mismo pasa con una mujer lesbiana.

Si una persona no se identifica con su sexo es porque hay otro que considera más apto con lo que esa persona es; y cuando alguien decide cambiarse de sexo es porque no le gusta el que tiene.

La misma palabra transexual se refiere a una persona que mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquiere los caracteres sexuales del sexo opuesto. Opuesto, sí, opuesto…

 

Por lo tanto, los principios de libertad hacia la orientación sexual de las personas LGTBI no van en contra de la diferenciación de sexos, es más, la reafirman, porque la mayor parte se rebela contra su sexo o a amar a alguien del sexo opuesto. Negar que estas diferencias existan sería caer en el absurdo para alguien que se pelea con la sociedad y consigo mismo para llevar la vida que quiere.

 

Muchas personas cuestionan que el sexo sea algo que identifique a cada individuo ante algún estado, y consideran que esto coarta su libertad y les impone un tipo de normas o reglas de vida. Lo cierto es que sí lo hace, pero es algo inevitable. El hecho de que alguien nazca hombre o mujer es incuestionable, salvo en algunos casos muy puntuales… Y eso sí es competencia del Estado al menos saberlo, para poder predecir cuestiones como su demografía y poder entender la forma que está tomando su sociedad.

El Estado no obliga a nadie a vestirse de cierta forma, ni a tener hijos ni a casarse, pero sí necesita ese dato para entender a su población. Es algo así como cuando un médico necesita saber si tú tienes alergia hacia un medicamento antes de recetarlo.

 

¿Qué clase de sociedad se está construyendo?, y ¿a qué se le llama igualdad? Parece que muchos de los caminos que han elegido las feministas están llevando al mundo a desfeminizarse; y aquí no me refiero a bajar el número de camisas rosadas en los armarios de las niñas, sino a promover una imagen de la mujer como débil y que necesita cambiar, cuando lo que hay que intentar cambiar es la sociedad.

Las mujeres somos como somos, y empujar a la mujer hacia tendencias propias de los varones solo incrementa el grado de virilidad en la sociedad. Y es que ¿qué tiene de malo la diferencia?

 

Valentina Hilaire

@valihilaire


La autora es estudiante de Periodismo.