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David Salayandía y Ramón Monchi Webster


En Puntitas: Los peligros de la sostenibilidad

El cambio climático es un fenómeno global, y sus efectos alcanzan a todos.

En Puntitas: Los peligros de la sostenibilidad

Ciudad de Panamá. Foto: RODRIGO ARANGUA/AFP/Getty Images)

Cualquiera que se asome a la bahía de Panamá, el cerro Ancón o  las alcantarillas de las calles principales puede darse cuenta del gran problema de contaminación que tiene el país. Muchos Estados han implementado políticas para sanear sus ciudades, pero, a veces, un remedio puede ser peor que el problema que intenta solucionar si no se utiliza bien.

 

Estos últimos años hemos podido presenciar el boom de los carros eléctricos. Tantos líderes mundiales como fabricantes de vehículos han impulsado su salida al mercado porque presumen que su uso no emite gases contaminantes al ambiente, necesitan de poco mantenimiento, reducen la dependencia del petróleo u otros combustibles y reducen la contaminación acústica de las ciudades. Pero ¿Todo es 100% beneficio?

 

No. La energía utilizada para cargar dichos carros se obtiene, en la mayoría de los casos, quemando carbón, y resulta muy dañina para el medio ambiente. Las fábricas de estos vehículos también emiten una gran cantidad de desechos nocivos. La producción de sus baterías y motores eléctricos requiere del uso de materiales tóxicos como níquel, aluminio y cobre. Entonces, no es que estos carros no son una buena solución, pero es contraproducente promocionarlos en regiones donde la electricidad es producida a partir de lignito, carbón o aceite. Si no se tiene esto en cuenta, no solucionaremos un problema. Solo cambiaremos la forma en que contaminamos el ambiente.

 

Con el reciclaje ocurre algo parecido. El proceso de combustión en la recuperación de energía provoca una nueva fuente de emisiones contaminantes. La mayoría de las dificultades son de tipo técnico y económico, y los gobiernos, antes de promover políticas para cambiar el consumo de sus ciudadanos, deben asegurarse de que existen formas en que cada país pueda aprovechar esos cambios para mejorar la condición del medio ambiente.

 

En la ciudad de Panamá el 19% de los residuos de la capital son de plástico, uno de los residuos más difíciles de eliminar. El reciclaje puede ayudar a disminuir su impacto, pero hay que saber hacerlo. No se trata solamente de clasificar desechos sino saber dónde enviarlos, porque ciertos tipos de plástico solo son reciclables si se tratan a ciertas temperaturas y a través de procesos muy específicos. Esto exige una labor de documentación por parte de los gobernantes y ciudadanos para asegurarse de que las medidas que implementen estén teniendo un resultado real. Hace poco se sancionó una ley que obliga al Ministerio de Educación incluir en los programas clases sobre el buen manejo de residuos. Iniciativas como estas pueden ayudar a concientizar a las personas y promover un estilo de vida más sano para todos los ciudadanos.

 

La lucha contra el calentamiento global y la defensa del medio ambiente requiere considerar acciones de forma conjunta. Centrarse en una sola puede resultar inefectivo y contraproducente. Lo que comemos, consumimos y producimos tiene un gran impacto en la atmósfera bajo la que nos movemos. El cambio climático es un fenómeno global, y sus efectos alcanzan a todos. Para hacerle frente se han llegado a acuerdos como el de París, pero cuando potencias mundiales como EE UU se retiran de él, y sus políticas no están dando los resultados deseados, los países vuelven a sus preocupaciones “ombliguistas” que se reducen a  cómo mejorar su economía, y eliminan el cuidado del medio ambiente de su lista de prioridades.

 

 

 

Valentina Hilaire

La autora es estudiante de periodismo.