En Puntitas: Una constituyente a la que el tiempo no acompaña

Es importante tener en cuenta que la quinta papeleta que le propuso el presidente al TE no es un referéndum: no es vinculante. Solo implica preguntarle al pueblo si quiere una constituyente o no

En Puntitas: Una constituyente a la que el tiempo no acompaña

En Puntitas: Una constituyente a la que el tiempo no acompaña. Foto: Cortesía

Una Constituyente… ¿A qué suena? Lastimosamente, uno de los últimos ejemplos que tenemos en el continente de este mecanismo legal para reformar la constitución es el de Nicolás Maduro, quien la puso en marcha para aplacar al único órgano del Estado que no controla en Venezuela. Pero, estos motivos egoístas y totalitarios no tienen por qué extrapolarse al caso de Panamá, ya que el espíritu de una constituyente es reformar de forma parcial o total el marco legal de un país con la participación de la ciudadanía. Eso sí, antes de aceptarla es necesario examinar bien el mecanismo que se usa para hacerlo y la coyuntura social.

 

Juan Carlos Varela asumió la presidencia de la república en el año 2014, y una de sus promesas de campaña fue trabajar para convocar una Asamblea Constituyente Paralela mediante procesos democráticos a partir de su primer año de gestión. El presidente ha agitado a los sectores políticos y civiles cuatro veces, pero sus tentativas para reformar la Carta Magna han quedado en ruido hasta ahora.

 

La primera vez fue en el 2013 cuando la colocó entre sus promesas de campaña, pero no fue hasta el 2015 que dio el primer paso y designó a Luis Ernesto Carles presidente de la Concertación Nacional para el Desarrollo con la función de convocar un diálogo nacional y reformar la constitución, pero no dio resultados. En el 2016 renovó su compromiso en un discurso ante la Asamblea Nacional, pero todo quedó en palabras. En el 2017 nombró al viceministro de la Presidencia, Salvador Sánchez para que presente al Ejecutivo un camino para las reformas. Otro intento fallido. En el 2018 apuntó al exministro de la Presidencia, Álvaro Alemán, para realizar la tarea, pero tampoco se concretó nada. El pasado 2 de enero Varela volvió a centrar el debate en la posibilidad de convocar una Constituyente en su discurso a la nación ante la Asamblea Nacional, pero cambió la estrategia. Esta vez le pasó el bastón al Tribunal Electoral (TE) para que decida cuál es la medida correcta para incluir una quinta papeleta en los comicios generales del 5 de mayo.

 

Es importante tener en cuenta que la quinta papeleta que le propuso el presidente al TE no es un referéndum: no es vinculante. Solo implica preguntarle al pueblo si quiere una constituyente o no. Esto no tiene nada de malo, pero, ¿por qué hacerlo cuando faltan menos de 5 meses para las próximas elecciones generales? Si los ciudadanos votan que sí quieren una Constituyente, la administración actual le estaría dejando un poder y responsabilidad enorme a un Gobierno que los panameños todavía no han elegido.

 

Por esto, eltiming de la iniciativa parece obedecer más a forzar una promesa electoral que a cumplirla cabalmente, y esto no solo es caprichoso, sino peligroso. La decisiónexpress del expresidente Martinelli de crear una moneda de un balboa se puede tildar igualmente de caprichosa y calificar como un intento por dejar su huella entre los ciudadanos porque, así como los panameños intercambiaban “balboas” ahora intercambian las monedas popularmente llamadas “martinellis”. Pero con una constituyente el país se juega mucho más que el nombre de una moneda. Otro factor importante a tomar en cuenta es que el tiempo no juega a favor del presidente actual ya que según la encuesta Gallup, Juan Carlos Varela es el peor presidente evaluado desde que Panamá recuperó la democracia en 1990.

 

Tal vez por esto dijo en 2016 que “no hay ambiente político para abrir el debate de un tema tan sensible”, pero, ¿ahora sí?, ¿en este momento en que el país se está preparando para unas elecciones que se celebrarán 5 mayo? Esta administración tuvo 4 años para hacer la convocatoria y no lo hizo. Esto parece un poco oportunista. Para hacerlo bien es necesariauna campaña de información y concienciación ciudadana para que la participación sea efectiva. No es que no necesitemos cambiar nuestra ley, pero hay mucho que consultar y discutir sobre esto.

 

El tipo de Constituyente que ampara la ley panameña es la paralela, que implica sentar a 60 personas a reescribir las reglas de juego mientras los órganos del Estado- Legislativo, Ejecutivo y Judicial- siguen trabajando con normalidad. La Constitución tiene desfases, sí, pero antes de fijarse en estos hay que tener en cuenta que tal vez en Panamá el problema no está en la cantidad de leyes o su envergadura, sino en el grado de aplicación de estas por parte de las autoridades. La constitución de Estados Unidos solo tiene 7 artículos, y la nuestra tiene 328. La constitución es la ley marco de un país. Hay otras leyes, como los códigos civiles que también se pueden reformar para cambiar aspectos más puntuales.

Además, esas 60 personas tendrán un periodo de 6 a 9 meses para redactar la nueva constitución. Esto genera muchas preguntas: ¿Quiénes serán estos?, ¿cuáles son sus motivaciones?, ¿existen suficientes constitucionalistas capacitados que quieran apartarse seis meses de sus trabajos para llevar a cabo esta labor?, ¿cuáles son los criterios para designarlos?... Muchas preguntas que resolver en muy poco tiempo.

Tampoco se sabe cuáles son los principales artículos de la Constitución a reformar, y esto difícilmente saldrá a la luz en medio de toda la propaganda electoral que se avecina. Tal vez, una vez iniciado el nuevo Gobierno el clima en Panamá será más óptimo para la envergadura de este proyecto. La presión y carga de emociones que tienen los ciudadanos en un periodo electoral pudiera ser un obstáculo para que se tomen las mejores decisiones.

Queda claro que la ciudadanía no debe menospreciar el proyecto propuesto por el presidente actual, pero sí debe estar atento de que si él mismo fijó su realización para sus primeros años de gestión es porque una reforma a la Constitución no debe tomarse a la ligera, ni estar expuesta a tintes ideológicos que nublen la vista hacia algo tan importante. Es necesario que toda la ciudadanía participe, pero para esto hay que informarla, capacitarla y encontrar los mecanismos más aptos para que su intervención sea efectiva.

 

Valentina Hilaire

@valihilaire

La autora es estudiante de Periodismo