"Hermanos" No nos dejemos robar la belleza que hemos heredado de nuestros padres: Papa Francisco

La esperanza cansada será sanada y gozará de esa particular fatiga del corazón cuando no tema volver al lugar del primer amor y logre encontrar, en las periferias y desafíos que hoy se nos presentan

"Hermanos": No nos dejemos robar la belleza que hemos heredado de nuestros padres: Papa Francisco. Foto: Cortesía

Este sábado el Papa Francisco visitó la Catedral Metroplitana para  consagrar el altar de la Catedral Basílica Santa María La Antigua, en el marco de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019.

Entre los mensajes del santo Padre,  estuvo: “hermanos: No nos dejemos robar la belleza que hemos heredado de nuestros padres, que ella sea la raíz viva y fecunda que nos ayude a seguir haciendo bella y profética la historia de salvación en estas tierras”.

Luego del Santo Sacrificio, Francisco pasó a ungir con el Santo Crisma el altar, el cual cubrió por completo con las manos con el óleo, que representa la unción de Jesucristo Santo y que desde ahora está destinado para celebrar los sacramentos y todo culto de la iglesia católica.

El Pontífice, durante la homilía citó la fatiga de algunos religiosos por las largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar y estar en familia e incluso de las hasta tóxicas condiciones laborales y afectivas que llevan al agotamiento y agrietan el corazón; desde la simple y cotidiana entrega hasta el peso rutinario de quien no encuentra el gusto, el reconocimiento o el sustento necesario para hacer frente al día a día; desde habituales y esperables situaciones complicadas hasta estresantes y angustiantes horas de presión.

Es relativamente fácil para nuestra imaginación, compulsivamente productivista, contemplar y entrar en comunión con la actividad del Señor, pero no siempre sabemos o podemos contemplar y acompañar las “fatigas del Señor”, como si esto no fuera cosa de Dios.

Las causas y motivos que pueden provocar la fatiga del camino en nosotros sacerdotes, consagrados y consagradas, miembros de movimientos laicales son múltiples: desde largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar y estar en familia.

Sería imposible tratar de abarcar todas las situaciones que resquebrajan la vida de los consagrados, pero en todas sentimos la necesidad urgente de encontrar un pozo que pueda calmar y saciar la sed y el cansancio del camino.

Se trata de una tentación que podríamos llamar el cansancio de la esperanza. Ese cansancio que surge cuando como en el evangelio el sol cae como plomo y vuelve fastidiosas las horas, y lo hace con una intensidad tal que no deja avanzar ni mirar hacia adelante.

Monseñor José Domingo Ulloa tomó la palabra para confirmar el compromiso en el proceso de conversión de la iglesia, que busca ser misericordiosa, servidora y casa de acogida para todos. Le dijo al Papa que no está solo en este caminar, que somos una iglesia que camina de la mano de María. Le entregó una pintura de Eduardo Pironio, un cardenal argentino, el sexto argentino agregado al colegio cardenalicio.