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En Puntitas: Los políticos del lobby

Una democracia adormecida es el panorama perfecto para que un político vele por su agenda personal.

En Puntitas: Los políticos del lobby

Elecciones Panamá. Foto: Cortesía

Un lobby es un grupo de presión. Busca influir en las autoridades públicas para promover decisiones que favorezcan su agenda. Un político es un representante del pueblo y gestor de sus recursos. Es una persona que debe velar por el interés general de los ciudadanos. ¿Esas son las intenciones que vemos en los candidatos que se disputan puestos de elección popular en estas contiendas?

 

Una campaña es el escenario idóneo para que todos los candidatos den a conocer sus propuestas, pero muchos no han publicado sus planes de gobierno. Entonces, ¿en base a qué se supone que los ciudadanos van a votar? ¿Las gorras que regalan?, ¿los carteles bonitos?, ¿la ausencia o presencia de banderas del partido en las pancartas?, ¿la “bondad” de su vicepresidente?, ¿si ha estado preso o no?, ¿su desempeño en gestiones pasadas? Todo queda en el aire.

 

Si no le exigimos a los políticos rendir cuentas ahora después no servirá de nada preguntarse qué pasa con el agua, por qué sube la luz, cuándo van a recoger la basura o por qué baja la economía. Estas elecciones serán definitorias porque estamos ante un panorama social preocupante. Solo en el 2018 Panamá perdió más de 13 mil puestos de trabajo y solo generó 1158. ¿Estos son suficientes para que las nuevas generaciones tengan un espacio en la sociedad? Ante esta situación tiene que haber un despertar porque, aunque sea normal que una economía sufra altos y bajos, si no votamos con conciencia nos podemos quedar en los bajos. Mientras, por supuesto, los políticos que elegimos siguen ganando terreno y ejecutando sus proyectos personas.

 

Es inconcebible que hasta ahora la ciudadanía se tenga que conformar solo con eslóganes, porque está claro que cada uno de estos candidatos tiene sus motivos para aspirar a la presidencia. Cada uno tiene su propia agenda. Al no compartirla con los ciudadanos evidencian la falta de sintonía que tienen con estos. Todas sus tácticas se quedan en esas conversaciones en salas elegantes y cerradas. No se sabe en qué van a trabajar una vez que lleguen al poder. A un lobista no se le exige que rinda cuentas al país porque su sueldo proviene de la empresa que lo contrata para lograr un objetivo, pero con los políticos no ocurre lo mismo. Se deben a los ciudadanos que los eligen y pagan impuestos para que estos administren su vida pública.

 

Ya se han visto algunas acciones por parte de los ciudadanos, como la inundación de #Publicatuplan en las redes sociales de los partidos y candidatos, pero se necesita más. Es cierto que muchos ciudadanos no están acostumbrados a exigir e involucrarse en la política con regularidad. Parece que el mismo sistema quiere fuera a los ciudadanos de las tomas de las decisiones. El sistema actual propicia que las personas solo piensen el cómo se gestiona lo público cada cinco años. Hay que implicarse más. Esta es una muy buena oportunidad para darse cuenta de que la opinión pública y su fuerza no debe limitarse a ser un mercado. No podemos permitir que estos comicios se reduzcan a una elección entre marcas, aunque muchas veces nos tomemos más enserio la tarea de mirar la tela y la etiqueta para comparar camisas y elegir la que menos chance tenga de arrugarse en la lavadora que la de elegir a nuestros gobernantes.

 

Una democracia adormecida es el panorama perfecto para que un político vele por su agenda personal. Si los ciudadanos solo se fijan en cuál puede satisfacer sus necesidades básicas más urgentes –los que hacen más ferias, descuentos, sustentos- y no a los que pueden cambiar el país, no se avanza. La política trata sobre asuntos que son de una manera, pero pudieran ser de otra. Tenemos la oportunidad de cambiar mucho el 5 de mayo.

Valentina Hilaire

@valihilaire

La autora es estudiante de Periodismo