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Opinión: ¡Ni con la derecha ni con la izquierda… con Panamá!

El autor es empresario y realiza una reflexión personal de la actualidad del país.

Opinión: ¡Ni con la derecha ni con la izquierda… con Panamá!

Ciudad de Panamá. Foto: Cortesía

David Zelcer
El autor es presidente de Relojín

 

 

“Ni en la derecha ni en la izquierda está el remedio.  La victoria de cualquiera de las dos implica la derrota y la humillación de la otra. No puede haber vida nacional en una Patria escindida en dos mitades inconciliables, la de los vencidos, rencorosos en su derrota, y la de los vencedores, embriagados con su triunfo” José Antonio Madrid, noviembre de 1934. Escritor y político español

Hoy quiero dejar a un lado los temas de negocio y ser un poco más humano, decir lo que el corazón siente y quiere.

Hablamos de democracia como herramienta en los esfuerzos por reducir la pobreza. Para lograrlo se necesita la transparencia del Estado, sostenibilidad ambiental, promover el desarrollo humano, apoyarse en el mejoramiento de la calidad de las instituciones y de los procesos democráticos así como un buen manejo de los roles cambiantes del Estado y de la sociedad civil en un mundo cada vez más globalizado.

Para poder hacer todo eso, necesitamos - como mencioné en el artículo anterior - que TODOS LOS GRUPOS, indistintamente de su ideología, nos pongamos de acuerdo para aportar por un Panamá mejor. Dejar de lado las rencillas y trabajar en armonía con un solo propósito: el bienestar de PANAMÁ. Los pobres, los ricos, los de clase media, los profesionales, los de izquierda, los de derecha, o los del centro; todos por un fin común.

En nuestro pequeño país, el 10% de la población - 400,000 habitantes - padecen hambre, mayormente en las áreas comarcales e interior del país. No cuentan con los servicios básicos de agua, luz y salud, entre otros.

A nivel global, el índice de pobreza de la gente que vive por debajo de ingresos de US$5.00 diarios es del 48%, lo cual representa casi la mitad de la población mundial. Es inaceptable que esto suceda en una época donde hay tanto crecimiento a nivel de comunicación, tecnología y ciencia de salud.

Ocho mil quinientos niños mueren cada día de desnutrición y según las estimaciones de UNICEF, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la División de Población de Naciones Unidas, se calcula que 6,3 millones de niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas, en su mayoría, prevenibles.

Para poder reducir estas estadísticas, tenemos que trabajar todos juntos por una causa común, acabar con nuestras diferencias ideológicas para buscar la salvación de la humanidad. Dejar, entre otras cosas, el egoísmo y no ser parásitos del Estado.

Estos objetivos pretenden dar respuesta a los grandes retos de nuestro mundo: hay mucho que hacer para conseguir lo que necesitamos. Pero seguro, a medida que el mundo está más conectado - tanto digital como físicamente - la gente está más cerca e interactúa en formas nunca vistas como la construcción de comunidades y la unión de gente con diferentes culturas para compartir objetivos e ideas es más importante que nunca.

Tenemos que comenzar alguna vez.  Podemos transformar nuestra realidad del mismo modo que tenemos la capacidad de convertir el dolor en sabiduría, la envidia en compasión, la angustia en esperanza. Tenemos en nuestra mano la posibilidad de borrar las heridas del pasado y esculpir un futuro, aprender a ser felices y plenos. Si se empeña y se desea, se puede construir y potenciar los circuitos de la felicidad, de la armonía, de la empatía y todo lo que se quiera. Para eliminar los pensamientos o emociones negativas, no hay que luchar contra ellas sino remplazarlas por otras positivas.

Cuando el mundo interior está en paz y armonía, el mundo exterior se contagia de esa paz y armonía.   Tenemos que ir por un solo camino que es el bienestar de todos, no importa tu sexo, tu religión, tu origen étnico o tu ideología política. Como dice la canción, todos somos iguales ante Dios único y poderoso. Si algo así se puede lograr con solo el instinto animal, imaginemos hasta dónde se puede llegar con la voluntad consciente. Definitivamente “querer es poder”.

Tenemos que, de una vez por todas, decirles a los de izquierda y derecha que todos somos iguales, que tenemos los mismos deberes y derechos y que ninguno puede controlar nuestras vidas bajo parámetros absurdos y equívocos ya que los gobiernos dictatoriales han demostrado que son un fracaso rotundo a través de los años. No nos pueden obligar a la fuerza, con golpes, cárceles, lavado de cerebro y todos los mecanismos que hay, para forzarnos a hacer las cosas de la forma equivocada.

Quisiera concluir con una verdad que no tiene parangón y vivimos con ella todos los días: “La fragilidad humana permite descubrir la grandeza de Dios”.