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Panamá hoy, punto vital para el comercio y el desarrollo

Por sus aguas pasa el 6 % del comercio mundial y es punto estratégico para el futuro de la economía orbital.

Panamá hoy, punto vital para el comercio y el desarrollo

CANAL DE PANAMA - AGUA CLARA

 

Si usted algún día menciona de manera desprevenida y en cualquier parte del planeta las palabras “Canal de Panamá”, muy seguramente va a escuchar en forma espontánea frases como estas: “Es la mayor obra de ingeniería del siglo XX y su ampliación es hasta ahora la mayor del siglo XXI”, “Es un camino obligado para buena parte del comercio mundial”, “Es una obra maravillosa que acerca a muchas naciones”, “es uno de los principales atractivos turísticos de Panamá”.

Muchas expresiones de admiración se pueden pronunciar y son insuficientes, porque el Canal de Panamá siempre será mucho más, sin importar el tema que se aborde, sea político, económico, social, cultural, militar, geopolítico; en fin, el Canal de Panamá es hoy elemento importante para el buen transcurrir de una buena parte de la humanidad.

Y lo era antes de existir. Solo basta recordar que cuando Vasco Núñez de Balboa avistó el Mar del Sur en septiembre de 1513, la colonia española tuvo nuevas perspectivas en su afán de expansión, pues encontró el sitio adecuado para lanzar nuevas expediciones hacia Perú y México, con lo cual amplió su dominio sobre el continente descubierto por Cristóbal Colón.

También fue importante durante el nacimiento de la República y buena parte del transcurrir del siglo XIX, cuando el istmo se convirtió en una vía terrestre corta para transportar alimentos, minerales, manufacturas y toda una variedad de productos prevenientes del sur y hasta las costas del Atlántico, donde eran embarcados y enviados a Europa con enormes beneficios por sus menores costos de movilización.

UNE PAISES Y ACORTA DISTANCIAS

El canal marítimo de Panamá comenzó a construirse hacia 1881. Sus primeros intentos se sellaron con un fracaso francés que generó problemas políticos graves en Colombia. Luego las obras fueron ejecutadas por Estados Unidos y finalizaron en 1914, una década después de que Panamá se separara de lo que fue la Nueva Granada.

Entonces, como ahora, se consideró una maravilla de la ingeniería por muchas razones, entre otras porque logró unir mediante esclusas dos mares enormes cuyas aguas son de calidades diferentes y en niveles dispares. Pero también porque recortó notablemente las rutas del comercio y facilitó el intercambio por igual entre naciones cercanas o muy apartadas.

Para Panamá este canal fue vital durante el siglo XX, cuando representó cerca del 70 % de su Producto Interno Bruto, pese a que fue administrado directamente por Estados Unidos. Sus características lo convirtieron en un paso obligado y hasta ahora no hay otro camino mejor en la región, pues está ubicado sobre los puntos más cercanos entre los océanos Pacífico y Atlántico.

A lo largo de ese siglo las dos vías del canal en la apariencia eran suficientes, pero cuando fue transferida su soberanía de Estados Unidos a Panamá, el 31 de diciembre de 1999, quedó claro que el desarrollo comercial exigía una obra de más envergadura. En efecto, el canal se quedó pequeño para las crecientes necesidades comerciales, las congestiones se volvieron evidentes, las embarcaciones cada vez de mayor tamaño superaron la capacidad de las esclusas y poco a poco comenzaron a volverlo inoperante, además, otros países como Colombia y Nicaragua empezaron a planear obras similares que amenazaban con convertirse en competencia.

Fue necesario estudiar una ampliación, la cual recibió respaldo en un referendo realizado en octubre de 2006 y que tuvo el apoyo del 76 % de los participantes. Tras largos estudios se decidió realizar una tercera vía de 77 kilómetros de longitud, el ensanchamiento y dragado de las dos vías existentes desde 1914. Este trabajo fue encargado en el año 2009 al Grupo Unidos por el canal (GUPC) compuesto por la firma española Sacyr, la italiana Salini Impregilo, la belga Jan de Nul y la panameña Cusa. En su desarrollo participaron alrededor de 10.000 personas, el 95 % de las cuales eran de origen panameño.

El costo entonces fue estimado en 3.200 millones de dólares. Las obras debían entregarse en el año 2014, pero hubo parálisis y demoras, y se generaron sobrecostos que elevaron el valor a 5.580 millones de dólares.

Las obras finalmente fueron inauguradas el pasado 26 de junio de 2016. Con su nuevo desarrollo puede movilizar 600 millones de toneladas de mercancías cada año, casi el doble de lo que lograba hasta entonces.

El Estado panameño espera que a sus arcas inicialmente ingresen 1.500 millones de dólares al año, es decir, unos 500 millones de dólares más a lo que se recibió el año pasado. Pero los ingresos deberán crecer exponencialmente, hasta unos 4.000 millones de dólares en el año 2025.

Pero la real importancia no solo está en esas cifras sorprendentes o que por allí se mueva el 6% del comercio mundial, sino también en los tipos de mercancías que cruzan por sus aguas, entre ellas grandes contenedores con variadas mercancías, tanques petroleros con sus derivados, además de una enorme variedad de alimentos.

El CEO de la Autoridad del Canal de Panamá, que administra la vía interoceánica, dijo en una pasada entrevista con la revista Dinero.com que la importancia del canal aumenta notablemente con su ampliación. “Esperamos que con la ampliación cada día haya más dependencia por parte de las economías alrededor del Canal como Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela, la parte norte de Brasil y todo Centroamérica van a ser clientes importantes que vamos a atender. La ampliación del Canal va a favorecer muchísimo el desempeño de las economías de estos países aledaños al Canal, dado que le ofrece una oportunidad de colocar sus mercancías en buques de mayor envergadura y llevarlos de una manera más económica a los mercados tanto de Estados Unidos, como de Europa”, señaló.

A todo esto, se suma el aporte turístico que el canal le deja a Panamá, y que es otra fuente importante de desarrollo gracias a su creciente hotelería, a los cada vez mayores sitios de interés para el visitante, a la enorme y variada oferta gastronómica, a sus encantadores centros comerciales y muchas otras bondades que han convertido al país en uno de los lugares más apetecidos del planeta.