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Alexis Sánchez y un corte clásico para el clásico

Acostumbrado a las manías y supersticiones de los futbolistas del Barcelona, habituales de su establecimiento cerca del Camp Nou, Carlos Moles intervino para convencer al chileno que no requería de un drástico cambio de "look" para recuperar su olfato goleador.

Alexis Sánchez y un corte clásico para el clásico
Alexis Sánchez se sentó en la butaca, inclinó la cabeza hacia atrás y se planteó un cambio radical: "¿Y si me lo rapas al estilo Mapuche? Quiero algo más agresivo", le planteó al peluquero.

Acostumbrado a las manías y supersticiones de los futbolistas del Barcelona, habituales de su establecimiento cerca del Camp Nou, Carlos Moles intervino para convencer al chileno que no requería de un drástico cambio de "look" para recuperar su olfato goleador.

"Estaba preocupado porque no marcaba goles pero, por las facciones de su cara, al final decidimos que le iba mejor un corte pelo más dulce, clásico, de niño bueno, a lo Barsa", explica el estilista.

La visita fue antes del pasado martes, cuando Sánchez finalmente puso fin a su sequía marcando el primer tanto del partido contra Benfica en la Liga de Campeones en Lisboa. Fue un gol de ariete clásico, de "nueve" puro, llegando al área chica para poner el pie y empujar a la red un centro del argentino Lionel Messi, asistente letal en la jugada.

Fue la enésima combinación entre Sánchez y Messi desde que el chileno llegara al Barsa hace poco más de un año procedente del Udinese italiano. Lo hizo previo pago de 26 millones de euros (más 11,5 en variables) por parte del club azulgrana; una cifra considerable que trajo consigo el peso de las expectativas para el delantero iniciado en Cobreloa, formado en Colo-Colo, pulido en River Plate y emigrado al calcio con ansias de grandeza.

Su primera campaña en la liga española, saldada con 12 goles y cuatro asistencias, fue considerada meritoria por la opinión pública barcelonista. Aunque Sánchez, en una de sus contadas comparecencias ante la prensa hace una semana, la valorara con un aprobado justo. "Me pongo un cinco", soltó a los periodistas. "En el Barsa hay que volver a aprender a jugar al fútbol, y eso es que estoy haciendo ahora", razonó.

La declaración sorprendió, considerando que el internacional chileno triunfó bajo el mando de un entrenador tan exigente como el argentino Marcelo Bielsa en la selección y, sobre todo, que los valedores de su fichaje consideraban ya superado el periodo de gracia.

Pero el ejercicio de autocrítica probablemente obedezca más a la alta exigencia que tiene el jugador consigo mismo. Profesional consumado en los partidos y entrenamientos, Bielsa destacó por encima de todas sus cualidades "su espíritu amateur".

Tanto Pep Guardiola como Tito Vilanova, sus dos técnicos en el Barsa, como el resto del plantel, lo defienden a capa y espada.

Pero en su afán por agradar, por adaptarse a un futbol distinto y un estilo tan particular como el del Barsa, Sánchez parece haber perdido parte de la espontaneidad y descaro que siempre definieron su juego vertical y agresivo de cara al arco. Tras un inicio decepcionante de campaña, las críticas por parte de la hinchada arreciaron al jugar un pésimo partido la pasada fecha en cancha del Sevilla, cuando cambió disparos, regates y asistencias por pérdidas de balón, pases inocuos y caídas sin motivo.

Repetidos los elogios sobre su despliegue físico en la recuperación del balón, capacidad de ruptura en el desmarque y conservación de la posesión en situaciones desfavorables, al chileno se le echaba de repente de menos el poder de desequilibrio y mordisco goleador.

El insaciable apetito de Messi, cuya sombra luce larga en ambos apartados, explicaría parte del problema con Sánchez, cuya deferencia hacia el considerado mejor jugador del mundo le impide, en ocasiones, soltar todo el fútbol que lleva dentro.

Vilanova le ha dado cuerda pese a unas bajas prestaciones en la liga, donde acumula cuatro partidos de titular, 347 minutos, ningún gol y solo cuatro remates. Pese al tanto en Lisboa, los registros nos son mucho mejores en la Liga de Campeones, donde suma cuatro disparos al arco en 118 minutos, y todavía peores en la Supercopa, con cero intentos en 103 minutos.

El total resulta exasperante: en sus siete titularidades de la temporada 2012-2012, Sánchez solo ha probado suerte ante el arquero cinco veces.

Formar pareja atacante con Messi es un lujo, pero no necesariamente sencillo, como podrán atestiguar delanteros de la talla de Zlatan Ibrahimovic, Samuel Etoo'o, emigrados a otras ligas, o el propio David Villa, quien se enredó en una discusión subida de tono con el argentino en un reciente partido.

El carácter tímido de Sánchez probablemente no le haya beneficiado a la hora de ganar peso ofensivo, y se repiten las ocasiones en que el chileno cede el balón a Messi, e incluso a otros compañeros peor situados. La fina línea que separa el reconocimiento del líder del descuido de responsabilidades puede tornarse indetectable, y así como Scottie Pippen tardó en amoldar su juego al del gran Michael Jordan en la NBA, Sánchez sigue en fase de aprendizaje en su labor de escudero de Messi.

También la ha perjudicado su inquebrantable compromiso con la selección chilena, pues regresó tocado del partido frente a Ecuador en agosto y Vilanova le dejó fuera de la convocatoria para Getafe tras jugar ante Colombia.

Pero el técnico también ha ejercido de salvavidas en la crisis de juego de su pupilo, aguantándole en el once titular en Lisboa pese a sus pobres prestaciones en Sevilla. "Yo ya dije que no había que poner notas. Alexis ha demostrado su humildad, sus granas de crecer y mejorar. Si lo hubiera quitado del once en un momento crítico, la poca confianza que le quedaba se la habríamos quitado. En los momentos más delicados es cuando hay que mantenerlos en el campo", explicó Vilanova.

Y el dorsal nueve respondió a la fe de su técnico marcando un gol de clásico "nueve" en el equipo sin "nueves".

Queda por ver si Vilanova vuelve a apostar por Sánchez este domingo contra el Real Madrid. Quien no duda es Moles. "Después del gol en Lisboa le mandé un mensaje: `¿Ves como no necesitabas raparte?'", se congratula el estilista.

Lo dicho: al clásico, con corte clásico.