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La Ventana

John De León


¿Con luz apagada o encendida?... para gustos los colores

Hacer el amor a oscuras o en las penumbras crea el clima ideal para dejar ir las fantasías y disfrutar de una experiencia mucho más íntima

¿Con luz apagada o encendida?... para gustos los colores

Te gusta con luz apagada o encendida... para gustos los colores. Foto: Cortesía


Generalmente hacer el amor con la luz encendida se relaciona con la voluntad de mantener el contacto con la pareja y lograr un encuentro sexual a través de todos los sentidos. En el se manifiestas dos características que en mayor o menor medida, todos tenemos. 

Estos son  el placer de ser contemplados y el placer de contemplar. Si tenemos en cuenta que el sentido de la vista es el que tiene más importancia en el cortejo y sexualidad humana entenderemos el por qué de la excitación que se consigue teniendo relaciones con la luz encendida.

Otra aspecto que debemos tener en cuenta cuando elegimos entre hacer el amor con la luz encendida o con la luz apagada es la erotización de la mirada. La primera de las fases de excitación, tanto en el hombre como la mujer, se da con un primer estímulo. Este estímulo suele ser de tipo visual; contemplar el acto sexual o el cuerpo de la otra persona nos provocan mucha más excitación.

Hacer el amor a oscuras o en las penumbras crea el clima ideal para dejar ir las fantasías y disfrutar de una experiencia mucho más íntima. En la oscuridad, sin ningún estímulo visual, nuestro cerebro es capaz de enfocar mucho mejor el resto de sentidos, algo que podrá hacer de tu encuentro sexual una experiencia casi mística.

Si es una opción aceptada y deseada por los dos miembros de la pareja y no viene influida por ningún otro factor que no sea las ganas de disfrutar, es tan aceptable como hacerlo con la luz encendida.

Pero no siempre que se elige hacer el amor con la luz apagada es porque la persona disfrute con ello o porque lo prefiere realmente, sino que es la consecuencia de una falta de confianza o complejos con su propio cuerpo.

Hay personas que ya sea por verguenza ante la propia desnudez, por no sentirse cómodos con su propio cuerpo o por algún tipo de represión cultural que le ha marcado durante la vida se siente cohibida ante la idea de tener sexo con la luz.

Esto también es algo habitual durante los primeros encuentros sexuales, alguien que se siente inseguro y que cree que aún no domina la práctica puede optar por apagar la luz como método para infundirse seguridad.