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La policía descabeza al sindicato radical opuesto a la reforma educativa de México

Tras semanas de protestas violentas, el Gobierno detiene a los dos líderes de la Sección 22 de la CNTE OtrosGuardarEnviar por correo

La policía descabeza al sindicato radical opuesto a la reforma educativa de México

La batalla educativa en México mantiene las espadas en alto. Tras semanas de protestas, el Gobierno de Enrique Peña Nieto ha contestado al pulso lanzado por la radical Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) con el arresto de dos de sus líderes, entre ellos el conocido Rubén Núñez, cabeza visible de la contestación. El golpe policial, denunciado por la CNTE y sin aún sin confirmación oficial, supone un nuevo paso en el cerco a un sindicato, minoritario en el ámbito nacional pero mayoritario en los empobrecidos estados del sur, que ha convertido el repudio violento a la reforma educativa en su principal seña de identidad.

No es la primera vez que el Gobierno responde con detenciones. El año pasado, en plena espiral de violencia sindical, las autoridades mexicanas decidieron atacar el núcleo del poder de la CNTE. Este sindicato de ultraizquierda, con 110.000 militantes, gozaba de una situación de privilegio en Oaxaca. Ahí, gracias a décadas de pacto con el PRI, controlaba la administración educativa y había tejido una inmensa red clientelar. Contrataciones, sanciones y pagos a docentes pasaban por sus manos. En una operación sincronizada entre el Ejecutivo estatal y federal, se les retiró el poder ejecutivo, se bloquearon sus cuentas bancarias y se arresto a sus principales dirigentes. El golpe dejó malparado a la CNTE. Pero no logró poner fin a un pulso que, más alá de la letra pequeña de la ley, tiene como escenario el futuro de México.

En un país con un nivel educativo por detrás de Kazajistán, la reforma educativa es entendida más como una necesidad social que un proyecto político. Aprobada por la práctica totalidad del arco político y respaldada por la mayoría de la ciudadanía, la ley intenta acabar con el sistema clientelar que ha imperado en la educación y que ha permitido el enraizamiento de fenómenos como la CNTE en las regiones menos desarrolladas. La reforma establece el concurso obligatorio y abre las puertas a oposiciones libres para acabar con la compra-venta y heredad de plazas docentes. También fija la evaluación del profesorado y su expulsión en caso de que se nieguen a realizar las pruebas.

Todas estas medidas han sido vistas como una agresión por el sindicato radical. En sucesivas oleadas, la CNTE y su vanguardia en Oaxaca, la famosa Sección 22, han intentado detener los cambios por la fuerza. En su ofensiva no han dudado en tomar de aeropuertos, bloquear carreteras o quemar oficinas electorales. También han utilizado el terror al rapar y humillar públicamente a los docentes que no se han plegado a sus órdenes y que se han atrevido a acudir a las evaluaciones.

De poco ha servido esta presión. El Gobierno no ha dado un paso atrás. Mes a mes ha ido deconstruyendo el poder sindical y golpeando sus puntos neurálgicos. La penúltima andanada llegó hace un mes cuando acordó el despidó de 4.200 maestros por participar en una huelga ilegal, y la última ha sido este fin de semana con la detención del secretario de organización de la Sección 22, Francisco Villalobos, y de Rubén Núñez, quien en los últimos días había desafiado al Ejecutivo a que se atreviese a aprehenderle. “Desde las trincheras hacemos un llamado urgente a los compañeros del movimiento a estar alerta y acionar con contundencia ante esta redada que hoy orquestan los nefastos”, afirmó en un comunicado la CNTE.